ENSAYO
F1 UNA PASIÓN ARGENTINA
ADRIÁN PUENTE
(Planeta – Buenos Aires)
Adrián Puente (Buenos Aires, 1970) es periodista especializado en automovilismo desde hace décadas, pero por esas cosas de ese azaroso rompecabezas llamado vida, ha cobrado singular notoriedad desde la llegada del pilarense Franco Colapinto a la Fórmula 1.
Conductor de Telemétrico y comentarista de las carreras en compañía de la prodigiosa y juvenil platense Florencia Andersen y del calificado narrador Andrés Agulla, dueño de las ya establecidas arengas de “¡Vamos, Nene!” y “¡Rebelate, Nene!”, Puente se ha despachado con un libro que tal vez merezca el calificativo de cursi, pero que sostiene largamente la eventual objeción: hermoso.
Porque básicamente FI Una Pasión Argentina es eso: un libro hermoso que contiene las mejores respuestas a las preguntas más complicadas de los “Tuercas” experimentados, de los de relativo conocimiento y sobre todo de los recién llegados seducidos por el carisma y la probada calidad de un muchacho, Colapinto, capaz de manejar en una recta un bólido a 350 kilómetros por hora, rodeado de verdaderos monstruos de la especialidad.
Vaya esta observación para los maledicentes que con patético desparpajo sostienen que Colapinto es un fenómeno meramente construido por la astucia mediática.
Volvamos a esa joya que ha labrado Puente: un compendio de evocaciones, explicaciones y precisiones que atañen a nombres, marcas, mutaciones estructurales y/o o infinitesimales de los autos, bambalinas de tejidos del poder y perspectivas de esta disciplina que, si a los argentinos atañe, trasciende con holgura a los célebres Juan Manuel Fangio (el balcarceño, quíntuple campeón mundial en cuatro escuderías diferentes) y José Froilán González, hasta llegar a estos días del despertar de un elefante en reposo: la pasión argenta por la categoría que genera mayor fascinación y también, por qué no decirlo, allá lejos donde se cuecen las habas, montañas de billetes.
De pluma cincelada y una dimensión pedagógica admirables, Puente da vida a una suerte de biblia de la Fórmula 1 y hasta se permite el lujo de reponer alguna picardía (por caso: el affaire del dandi Carlos Menditeguy con la glamorosa bomba francesa llamada Brigitte Bardot), sin dejar de mencionar a todos y cada uno de los criollos que supieron subirse al monoplazo de mayor rigor y honor.
Desde luego, en tal insigne enumeración asoma el inolvidable tucumano Moisés Nasif Estéfano, que corrió en Fórmula 1 en 1960 al mando de una Maserati 250 F, a nivel nacional destacó en un puñado de categorías y perdió la vida cerca de cumplir 40 años en un accidente producido en Aimogasta.
De las frondosa y jugosa mirada del libro de Puente, es justo y debido rescatar por lo menos una perla: “Hay algo difícil de explicar cuando uno habla de los pilotos de Fórmula 1. No es solamente que manejan rápido; la velocidad es apenas la parte más evidente. Lo profundo está en otra cosa, en una mezcla de intuición, cálculo y una sensibilidad muy particular para leer lo que pasa alrededor. Los pilotos ven venir lo que todavía no pasó. O al menos intentan hacerlo”.
Walter Vargas
© LA GACETA